Una herencia

cargada de mimo

Desde que era una niña recuerdo a mi madre trabajando «como una negra»
para sacarnos adelante.

Mis recuerdos de aquella época están embadurnados de olores de mil clases diferentes, olores que provenían de una habitación al fondo de un pasillo larguísimo. Allí trabajaba, rodeada de extraños aparatos y ungüentos de peculiares aromas.

Tenía prohibido entrar en aquella habitación, pero al mínimo descuido me asomaba para curiosear lo que allí pasaba. Digamos que esos fueron mis primeros comienzos en esta profesión.

Desde pequeña me familiarice con este mundo de cremas y cuidados .

Historia

de una cosmetóloga

Corrían los años 80 y mi madre quería ampliar sus conocimientos, así que se marchó a estudiar con los mejores profesionales a Barcelona.

Siempre me habla de un tal Ibrahim, médico judío .

Él fue el que le motivó y le enseñó a amar este trabajo. Otro maestro que tuvo fue el Doctor Laporte, fundador de Gernetic.

‘Estuve con los mejores, hija’ -me dice orgullosa.

De allí se marchó a Madrid, con las manos vacías pero con muchas ganas de comerse el mundo.

Se presentó en Clínica Velázquez preguntando por la propietaria, Carmen Izquierdo.

Mi madre ofrecía sus ganas de aprender y mejorar a cambio de que le dejase trabajar con ella.

Por las pequeñas y mágicas manos de mi madre pasaron la creme de la creme de la alta sociedad de aquel tiempo. Nati Abascal, Maria jose Cantudo… acudían a la consulta y preguntaban por la navarrica.

Pamplona

el lugar elegido

Volvió a Pamplona y montó su propio salón de belleza, Clínica Albret.

Durante varios años fue un referente en pamplona ya que fue la primera profesional que empezó a trabajar con el laboratorio Biologique Reserche, que tan de moda se está poniendo últimamente. Las clientas rechazaban al principio este tipo de producto de textura y olor tan desagradable.

Al tiempo, y viendo los resultados, ya tuvo su clientela fidelizada. A día de hoy todavía siguen viniendo a verla. Mi madre cerró Clínica Albret y montó una pequeña consulta, ya que quería vivir tranquila pero sin dejar de trabajar (su gasolina vital).

Y a estas alturas de la película aparezco yo, su hija. Ya llevaba un tiempo queriendo que tomara las riendas de su negocio, de su vida. Así que, me lo planteé en serio y aquí estoy. Estudié la especialidad de diagnóstico facial en Bilbao, me formé con el laboratorio Biologique y tengo a la mejor maestra y mujer sabia del mundo, mi madre. A día de hoy trabajamos juntas y no dejo de aprender cosas de ella.

‘Estuve con los mejores hija’

me dice orgullosa.